Dos formas de pensamiento que moldean nuestra vida

¿Cuál es el poder de nuestras creencias, tanto conscientes como inconscientes? ¿Cómo el cambio más simple de ellas, puede tener un impacto profundo sobre casi cada aspecto de nuestra vida?

Estas son preguntas que han guiado durante veinte años las investigaciones de la psicóloga de Stanford Carlo Dweck y que sintetiza en su libro Actitud: La Nueva Psicología del Éxito.

Una de las creencias básicas que tenemos de nosotros mismos, tiene que ver con cómo nos vemos y habitamos, lo que consideramos, nuestra personalidad. La imagen que adoptamos afecta profundamente la manera en que llevamos la vida; determina si nos convertimos en la persona que queremos ser y cumplimos con las cosas que valoramos.

La mentalidad fija asume que nuestro carácter, inteligencia y habilidades creativas son adaptaciones fijas que no podemos cambiar de ningún modo significativo. La creencia de que las cualidades están talladas en piedra, conduce a una serie de pensamientos y acciones determinados.

La mentalidad de crecimiento vence el desafío y ve el fracaso no como pruebas de inteligencia sino como un trampolín alentador para el crecimiento, y para estirar nuestras capacidades. La creencia de que las cualidades pueden cultivarse, conduce a una serie de distintos pensamientos y acciones que llevan por un camino totalmente diferente.

Estos dos pensamientos que manifestamos a muy temprana edad, moldean la mayor parte de nuestros comportamientos, nuestra relación con el éxito y el fracaso, tanto en contextos profesionales como personales, y en última instancia, nuestra capacidad para la felicidad.

La mentalidad fija crea una urgencia de probarse a uno mismo, una y otra vez. Hay tantas personas que se consumen probándose a sí mismos – en la escuela, en sus carreras y en sus relaciones- cada situación pide una confirmación de su inteligencia, personalidad o carácter. Cada situación es evaluada: ¿Voy a tener éxito o fracaso? ¿Voy a mirarme inteligente o tonto? ¿Voy a ser aceptado o rechazado? ¿Me voy a sentir como un ganador o un perdedor?

La mentalidad de crecimiento se basa en la creencia que, a través del esfuerzo, la aplicación y la experiencia, sus talentos iniciales y aptitudes, intereses o temperamentos pueden cultivarse. Las personas con esta forma de pensar creen que cualquiera puede ser cualquier cosa, que con la motivación o la educación adecuada se puede llegar a ser Einstein o Beethoven. Se crea una pasión por el aprendizaje en lugar de un hambre por su aprobación. Esta mentalidad está caracterizada por la convicción de que las cualidades humanas como la inteligencia y la creatividad, e incluso capacidades relacionales como el amor y la amistad, pueden ser cultivadas a través del esfuerzo y la práctica deliberada.

Los hallazgos de la investigación rigurosa de Dweck sobre el desarrollo de la mente, fueron identificar no sólo los conductores principales de estos modos de pensar, sino también la forma en que pueden ser reprogramados.

Cuando se elogia a una persona por lo inteligente que es, en lugar de hacerlo por el esfuerzo que hace, se está fomentado la mentalidad fija. Esa persona creerá que el éxito es ser inteligente y el fracaso significará que no lo es. Mientras que, si se alaba el esfuerzo, (mentalidad de crecimiento) las dificultades para tener éxito simplemente son oportunidades de aprender y no son un signo de fracaso o un reflejo de su pobre intelecto.

Los “inteligentes” harán todo lo posible por ocultar sus fracasos, incluso ser deshonestos si es necesario. No disfrutarán pruebas de mayor grado de dificultad y harán las cosas estrazados por el temor al fracaso. Por el contrario, los “esforzados” considerarán las pruebas más difíciles como retos y oportunidades de aprender y disfrutarán trabajar al máximo porque el éxito personal es convertirse en ser mejor.

Un modo de pensar es un proceso interpretativo que nos dice lo que está pasando en nuestro alrededor. En la mentalidad fija, ese proceso está marcado por un monólogo interior de juzgar y evaluar constante, utilizando cada pieza de información como evidencia a favor o en contra de las evaluaciones tales como si se es una buena persona o si son mejores que la persona de lado. En una mentalidad de crecimiento, el monólogo interior no es uno de juicio, sino uno de apetito voraz por aprender, buscando constantemente el tipo de entrada que se pueda metabolizar en una acción constructiva.