5 actitudes que obligan a los buenos empleados a renunciar

Cuando un buen empleado deja la compañía donde trabaja, resulta altamente costoso no solo en términos monetarios sino también en recursos humanos, ya que se tiene que capacitar a la persona que sustituirá a la que se fue, y posiblemente los primeros meses se comentan muchos errores.

Los jefes tienden a pensar que sus empleados tomaron la decisión de irse por cualquier causa al azar, pero deben de entender una verdad que nadie dice en voz alta: la gente no renuncia al trabajo, renuncia al jefe.

Esta situación, sin embargo tiene solución, y reside en los jefes; solo requiere un poco de esfuerzo, empatía y perspectiva. Y para lograrlo, la base es entender algunas de las peores cosas que hacen los jefes y que obligan a los empleados a empacar sus cosas.

Explotar a los empleados

Muchos jefes caen en la trampa de asignarle todo el trabajo a los mejores empleados, pero esto puede desanimarlos, ya que lo sienten como un castigo por hacer bien su trabajo. También es contraproducente porque hace decaer mucho más rápido la productividad de la gente y los resultados no son los mejores.

Si es necesario aumentar la cantidad de trabajo de los mejores trabajadores, también es recomendable aumentar su estatus laboral. Los aumentos salariales, las promociones de puesto y los cambios en títulos son buenas recompensas. Hay que tener en cuenta que si se aumenta la carga de trabajo sin cambiar la situación laboral de los empleados, seguramente buscarán otras opciones que les den lo que merecen.

No reconocer el buen trabajo

Es esencial que un líder se comunique con su equipo de trabajo para saber cómo hacerlos sentir bien. Algunos buscan aumentos de sueldo, otros quieren reconocimiento público. Usar esta información para gratificarlos por un buen desempeño laboral los hará sentir mucho mejor.

No muestran interés en los empleados

¿Sabías que más de la mitad de la gente que renuncia a su trabajo lo hace debido a la relación con su jefe? Una empresa inteligente se asegura de que los jefes encuentren ese balance entre ser profesional y ser humano, lo que se logra siendo empático en los tiempos difíciles de sus empleados, celebrando su éxito, y creando nuevos retos. Pero los jefes que no se interesan por ello son percibidos negativamente, haciendo impensable trabajar más de ocho horas con una persona a la que únicamente le importa el producto final del trabajo.

No cumplen su palabra

Hacer promesas define esa delgada línea entre hacer feliz a un empleado o escucharlo dar las gracias. Cuando una promesa se cumple, el jefe es percibido como alguien confiable y honorable, cualidades que son, dicho sea de paso, esenciales en un buen líder. Pero cuando las promesas no ven la luz del día, el jefe se vuelve desconfiable, irrespetuoso y mentiroso. Y es que si el jefe no cumple sus promesas, ¿por qué los demás sí deberían de hacerlo?

Contratan y ascienden a la gente equivocada

Un buen trabajador está acostumbrado a trabajar en equipo con personas que comparten su nivel de conocimientos y compromiso. Cuando el jefe no se toma el tiempo ni la molestia de elegir cuidadosamente a un nuevo miembro del equipo, resulta en un gran desmotivante. Y ascender a quien no lo merece es aún peor, especialmente cuando ese buen trabajador era buen candidato para el ascenso.

Es necesario pensar muy bien cómo se debe de tratar a la gente si no se quiere dejarla ir. Un buen trabajador es extremadamente valioso para una compañía, pero precisamente ese talento suyo le ofrece varias opciones laborales. Por eso, que se queden contigo no tiene precio.

Fuente: Entrepreneur.